Se avecina el día del padre, esa fecha especial en la que se agradece a todos los padres el esfuerzo, el cariño y la protección que nos han prestado desinteresadamente desde la más tierna infancia. Aunque la celebración de este día se suele atribuir precisamente a la niñez, lo cierto es que nunca se deja de ser padre, por lo que hacer un regalo especial por el día del padre supone un detalle que todos ellos apreciarán con mucha ilusión.

El regalo perfecto para el día del padre

Las tarjetas y vales regalo están bien, pero puesto que el amor de un padre es incondicional, merece la pena seleccionar un detalle selecto, único e inolvidable que muestre realmente el afecto profesado.

En este sentido, una de las opciones que más suelen gustar son las experiencias gastronómicas. Lo ideal de esta opción es que permite realizar una ruta gastronómica sin salir de casa, lo que es favorable para los papás más mayores.

Montar una experiencia gastronómica es sencillo, pero tan original que nadie se podrá resistir a probar bocado. Y es aquí donde entra en juego la segunda ventaja y es que las madres también se pueden sumar a este delicioso evento.

¿Cómo organizar una experiencia gastronómica?

Todo dependerá en gran medida de los gustos, pero puesto que precisamente vivimos inmersos en la gastronomía mediterránea, qué mejor que disponer tapas y algún vino de entre las tantas botellas de vino para regalar que hay disponibles.

Basta con cerrar los ojos y visualizarlo… una mesa de madera vintage coronada con un mantel blanco, quizás algunas flores para aportar color y unas velas, y como plato fuerte (nunca mejor dicho) platos con lonchas ni muy gruesas ni muy finas de embutido ibérico (jamón de bellota, chorizo, morcón, salchichón, lomo), una tabla de quesos curados al gusto, regañás y un crujiente pan de pueblo listo para ser rebanado y, ¿por qué no? También una aceitera de cristal rebosante de oro verde, amargo y picante, tan característico de la variedad picual.

Finalmente, y listo para maridar, un imponente vino tinto de crianza, que con su sabor rotundo y el adecuado punto de acidez logre refrescar el paladar y permita disfrutar de cada uno de los sabores por separado.

Será sencillo, pero sin duda alguna una experiencia digna de hasta el más exigente de los gourmets.

La gastronomía y su componente social

Los sabores, a cada cual más deleitable, no solo serán un medio para enardecer los sentidos, sino que otorgarán un momento único en familia. Entre risas y bocados quedará sellado un día del padre imborrable que rememore aquellos tiempos cándidos en los que todos nos reuníamos alrededor de la mesa y conversábamos de cómo había ido el día.

No hace falta repetir que nuevamente se trata de algo muy personal, por lo que otros elementos como patatas bravas, langostinos, mejillones, calamares fritos, frutos secos, cuartos de tortilla o incluso boquerones pueden estar presentes en la mesa. Aunque en estos casos es preciso tener en cuenta que el maridaje varía en función de los sabores predominantes. En este sentido, una guía sencilla es la siguiente:

  • Para sabores suaves como el de las carnes asadas, vinos jóvenes.
  • Para sabores contundentes como el de los embutidos ibéricos, vinos de crianza.
  • Para sabores melosos como el de la tortilla de patatas, vinos de ligera crianza con notas afrutadas.
  • Para sabores neutros como el del arroz o las verduras, vinos rosados y espumosos.
  • Para mariscos y pescados blancos, vinos blancos.
  • Para fritos y encurtidos, vinos finos (blanco y seco).

Elegidas las tapas y el vino al gusto, solo quedará sumergirse en los matices de la experiencia gastronómica, que seguro será la más deliciosa de todas, porque, ¿acaso hay algo más mediterráneo que estar en familia?